
La obra se articula a partir de tres elementos, una instalación principal, un vídeo y un taco de pósters dispuesto en el suelo. La instalación central reúne piedras del entorno de la Cañada Real sobre las que vecinos y vecinas han escrito mensajes reivindicativos y de denuncia, surgidos principalmente de los talleres de activación de memoria y de los ejercicios realizados con la palabra. Las frases se inspiran en los mensajes que a veces se inscriben sobre bombas y trasladan ese lenguaje a una dimensión material y visible con la intención de canalizar la indignación.
Las piedras se organizan siguiendo un gradiente de intensidad. Los mensajes, escritos en árabe y español y traducidos a ambos idiomas, aumentan progresivamente a medida que la estructura disminuye de tamaño. La instalación condensa así la indignación de la comunidad en un gran mensaje colectivo y convierte cada piedra en un testimonio tangible de su situación.
La pieza parte de una protesta ocurrida en 2007, cuando varias viviendas del Sector 5 iban a ser desalojadas. Les vecines se autoconvocaron para defenderlas y se produjo un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad, en un contexto marcado por los derribos y la violencia policial contra quienes habitaban el territorio. Durante la protesta utilizaron piedras para proteger las viviendas. El episodio fue ampliamente difundido por la prensa y pasó a conocerse como la intifada de la Cañada Real, dando nombre a una obra que recupera este momento de organización colectiva, lucha y resistencia frente al asedio policial.
El vídeo evoca la tensión y los hechos vividos durante aquel enfrentamiento, mientras que los pósters recogen mensajes y elementos de la memoria colectiva que dialogan con las piedras y amplían el contexto de la obra. Se imprimen miles de copias para que las personas puedan llevarse libremente un ejemplar de cada uno, extendiendo la pieza más allá del espacio expositivo.
