Silueta del cartel

La Cañada es Real. Museo portátil de la memoria es un proyecto de creación colectiva de Todo por la praxis (TXP) desarrollado junto a la Asociación Tabadol y habitantes de la Cañada Real.


A lo largo de un año de trabajo se recopilaron memorias, relatos, objetos y materiales vinculados a la vida cotidiana del barrio. A partir de este proceso se crearon distintas piezas artísticas que, reunidas, conforman un museo portátil que itinera por diferentes espacios de Madrid y España.


El proyecto surge en un momento marcado por los procesos de derribos, realojos y por la persistencia de esta y otras situaciones de vulneración de derechos humanos, como el corte de suministro eléctrico que afecta desde hace más de seis años a los sectores 5 y 6. En este contexto, el museo reivindica la memoria como un derecho en disputa, reclamando un lugar para las historias, experiencias y formas de vida que han dado forma a la Cañada Real. Las obras que lo integran abordan experiencias atravesadas por el racismo estructural, la desigualdad, la estigmatización y distintas formas de violencia institucional que han condicionado la vida de muchas de las personas que habitan el barrio.


El título recupera una frase creada por TXP hace más de dieciséis años: La Cañada es Real. Entonces, incorporar el verbo «es» al nombre del barrio funcionaba como una afirmación frente a su estigmatización. Hoy, esa misma frase da nombre a un museo construido desde las memorias de quienes lo habitan.


Contexto


La Cañada Real Galiana es una vía pecuaria de 16 Km ubicada en la Comunidad de Madrid, utilizada antiguamente como camino de trashumancia. Este tramo comienza a ser poblado en los años 40 por campesinos españoles que huyen de sus tierras destruidas tras la Guerra Civil y las consecuencias de la dictadura franquista. Luego, entre los años 60 y 90, existen dos etapas de asentamientos que tienen un carácter más transcultural debido a que la mayoría de quienes llegan son personas migrantes de diferentes orígenes: Rumanía, Marruecos, pueblo gitano, entre otros. El barrio se ha ido configurando a lo largo de los años de manera informal e irregular por personas que fueron autoconstruyendo sus viviendas y haciendo comunidad en condiciones precarias. Los constantes conflictos por desalojos y reubicaciones de familias debido a la especulación inmobiliaria que se da en el entorno, han hecho que vivan en un permanente acoso, primero mediante el derribo de sus viviendas, y desde hace seis años con el corte de suministro eléctrico. Esto afecta directamente en la dignidad de las personas y genera un grave problema de identidad. La vulneración de los derechos de las personas que ahí habitan incluye el de la cultura, como el derecho a tener una memoria barrial que valore sus vidas, sus historias y sus formas de pertenencia.

Estructura de metal rojo en un campo, letrero iluminado que dice