
Pieza construida en hierro y planchas de bricks recolectadas a partir de envases de tetrabrik reciclados. Estas recubren la estructura de tal forma que es posible entrar en su interior, como si se tratara de una pequeña cabina. En el techo, un espejo refleja los bricks y a quienes ingresan en la pieza, ampliando la experiencia espacial y haciendo que el cuerpo forme parte del recuerdo. La obra se acompaña de un texto que alude a la memoria que le dio origen, entrelazando espacio y relato para transmitir la historia que la inspira.
La pieza surge de una sesión de activación de memoria realizada con vecinas de los sectores 5 y 6 de la Cañada, en la que aparecieron recuerdos vinculados a las primeras formas de autoconstrucción de las viviendas. Una de las vecinas recordó con claridad el baño de su casa cuando era niña, recubierto con un material especial que no sabía identificar, pero que le fascinaba por hacerlo distinto al resto de la vivienda. Lo recordaba como un lugar singular, construido con planchas de bricks por su capacidad impermeable. A partir de ese relato, un vecino mayor contó que una empresa había dejado en un campo cercano unos rollos defectuosos de este material y que muchas personas del barrio se avisaron entre sí para recogerlos y utilizarlos en sus casas.
Fue en esa misma sesión cuando la vecina comprendió que su padre había formado parte de quienes aprovecharon aquellos restos industriales para construir ciertas partes de su hogar y del de muchas de las primeras familias de la Cañada. La obra recrea esa sensación de estar dentro de una habitación de bricks y trabaja la memoria desde la espacialidad y desde el cuerpo, convocando también las emociones asociadas a lo colectivo, al ingenio compartido y a las formas de vida que hicieron posible levantar el barrio.
